Hola,
«Llega a la mesita de café y empieza a depositar las bebidas sólo para descubrir que no tiene las bebidas después de todo. En cada una de sus manos hay un cuchillo; no tan afilados como sus cuchillos especiales, ya que son para uso doméstico, pero suficiente para sus propósitos»
Siguiendo el hilo de mis tendencias frikis, hoy toca hablar de un cuentecito con el magnífico título de Hilo musical para descuartizadores (creo que el título original es Muzak for Torso Murders, pero no estoy segura al 100% al respecto). ¿Y por qué entronca este cuento con mi entrada anterior? Pues... porque este cuentecito lo ha escrito el mismísimo Marc Laidlaw.
Este es el momento en el que mis lectores no frikis huyen despavoridos o se rascan la cabeza, claro.
Veamos. Marc Laidlaw es, entre otras cosas, un escritor estadounidense de terror y un poco de ciencia ficción. Y digo "entre otras cosas" porque también ha contribuido a desarrollar videojuegos, colaborando sobre todo en la historia. Adivinad en qué excelente guión de serie de videojuegos ha trabajado Marc Laidlaw para Valve Corporation...
Este es el momento en el que Ki me golpea con una crowbar en mitad de la cabeza. La verdad es que sería un final muy poético para esta historia.
Bueno, el caso es que, como no podía ser de otra manera en alguien que, con ese guión tan viciante de Half-Life, contribuyó a la revolución en el mundo de los first person shooters, el cuentecillo está muy bien. Habla de un hombre de 35 años, Donny, que vive con su madre viuda y cuida de ella. Se nos sugiere que tal vez la madre de Donny sea una mujer... peculiar, por decirlo de alguna manera, y que esto en cierta manera ha trastornado un poco al pobre Donny. Eso, y la música que su madre tiene constantemente puesta en el tocadiscos. Esa música va a volver aún más loco al pobre Donny un día de éstos.
Aunque no sé si se puede calificar a Donny de 'pobre'... teniendo en cuenta las aficiones que se gasta. Ya desde el primer párrafo del cuento sabemos que Donny mata. Y el título, supongo, da alguna pista de qué hace con los cuerpos, ¿no?
El caso es que el desenlace del cuento es genial. Así, sin más. Y tiene su miga, sobre todo, acerca de la doble moral que la mayoría de nosotros nos gastamos cada día: es curioso lo que se puede llegar a considerar censurable, y lo que no. Lo que para unos es horrible, para otros es sólo anecdótico. Y si se lleva eso al extremo de una persona inestable...
En fin, que os animo a que lo leáis. Ya sé que es difícil encontrar material de Laidlaw en castellano, pero este cuento en particular está por ahí en este mundo virtual que es la World Wide Web (ais, qué fisno que me ha quedado).
Y para los que os quedéis con ganas de más... pues ya sabéis: podéis visitar su blog, Not So Few Monstrosities.
Besotes







LoKi
19 jul 2007 | 10:13 AM
Pues la verdad es que alguno de tus lectores frikis (yo mismamente) también se ha rascado la cabeza por mucho que le sonara el nombre...
El Tajaíta Puerto Harto
20 jul 2007 | 09:29 PM
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